No hay modo alguno de ser justo frente a la can­ti­dad de estu­pi­de­ces huma­nas que se come­ten a lo largo de la his­to­ria. Situa­cio­nes que lejos –o no tan lejos– de noso­tros, ocu­rren en este mundo, y con­si­de­ra­mos incom­pren­si­bles. Estoy con­ven­cido que de aquí unos años (tal vez dece­nas o cien­tos), nues­tros con­gé­ne­res se pre­gun­ta­ran por que ahora mismo esta­mos come­tiendo tal can­ti­dad de estu­pi­de­ces. Igno­rando en todo momento las de moda, la cues­tión es que no hay que avan­zar muchos años para darse cuenta de lo equi­vo­ca­dos que esta­mos en cier­tos asuntos:

Estu­pi­dez política

Si los tiem­pos de las con­quis­tas ya nos pare­cen bar­ba­ri­da­des, lo que sucede aún en algu­nos paí­ses es ridículo.  Como ocu­rre en Corea, con la divi­sión del país en Norte y Sur y cuyos gobier­nos no reco­no­cen a los del otro. Tal es así que cuando tie­nen que reunirse las dos par­tes, por el sur siem­pre acude Esta­dos Uni­dos, ya que para el norte no existe nin­guna Corea del Sur. Todo esto lo expli­can mara­vi­llo­sa­mente en La última fron­tera de la Gue­rra Fría, un artículo lleno de hechos que me dejan per­plejo ante el des­gaste de ener­gías y recur­sos con estu­pi­de­ces como las que ocu­rren en los pobla­dos fron­te­ri­zos de Corea: a ver quien ins­tala el más­til más alto, quien chi­lla más desde el otro lado o edi­fi­cios par­ti­dos en dos por la fron­tera para que los diri­gen­tes de ambos paí­ses se encuen­tren en su terri­to­rio cuando se reúnan. Es nor­mal que luego ocu­rran inci­den­tes y hechos esper­pén­ti­cos, como en el que murie­ron varios sol­da­dos a hacha­zos a raíz de podar un álamo o las visi­tas turís­ti­cas a pri­mera línea de guerra.

Creen­cias estúpidas

Hace años, cuando empecé a leer libros con más texto que imá­ge­nes, estaba muy intere­sado en toda dis­cu­sión rela­cio­nada con la exis­ten­cia de Dios. Con­cre­ta­mente, todos los embo­la­dos tenían que ver con la reli­gión cris­tiana y la con­cep­ción teo­ló­gica incul­cada durante toda la vida por una fami­lia cris­tiana. Tras mucho tiempo leyendo y entrando en todo tipo de dis­cu­sio­nes rela­ti­vas a estos temas, con­si­dero tan estú­pido y sin sen­tido deba­tir más sobre este asunto, que me abu­rre sobe­ra­na­mente cual­quier intento de enta­blar algún con­tacto con Dios. Creo que esta ima­gen refleja miles y miles de pala­bras que se podrían ver­ter sobre este tema:

Alar­mismo estúpido

Actual­mente nos parece absurdo que el uso de bom­bi­llas y cual­quier fuente de ilu­mi­na­ción a tra­vés de elec­tri­ci­dad, sea per­ju­di­cial para la salud. Sin embargo, exis­ten alar­man­tes adver­ten­cias sobre los telé­fo­nos móvi­les y el WiFi. ¿Por qué no van a que­dar ridi­cu­li­za­das en unos años como en su momento pasó con esta adver­ten­cia sobre la elec­tri­ci­dad?

Estu­pi­dez real

¿Toda­vía exis­ten terra­te­nien­tes? ¡Fuera los terra­te­nien­tes! Estos indi­vi­duos posee­do­res de gran­des exten­sio­nes de terre­nos, cuya buena vida depende sola­mente de la explo­ta­ción de otros, uti­li­zando mano de obra asa­la­riada, siem­pre han estado cerca del poder y a favor de la escla­vi­tud. Si se espe­ran extin­gui­dos los Gran­des de España o los Jun­kers de Ale­ma­nia, sigue pare­cién­dome estú­pido que aún se man­ten­gan títu­los nobi­lia­rios. Duques, mar­que­ses, con­des y baro­nes lucen mejor en los vinos tin­tos. Los ran­gos más altos que se los que­den las galletas.

Aca­baré mi estu­pido post con una cono­cida cita de Albert Eins­tein:

Hay dos cosas infi­ni­tas: el Uni­verso y la estu­pi­dez humana. Y del Uni­verso no estoy seguro.