La Pirá­mide de Mas­low es una de esas teo­rías psi­co­ló­gi­cas que pode­mos colar en casi cual­quier con­ver­sa­ción y con la que pode­mos salir airo­sos de muchas situaciones.

Tam­bién cono­cida como Pirá­mide de las nece­si­da­des de Mas­low viene a decir que los deseos y nece­si­da­des que desa­rro­lla­mos los huma­nos, se deter­mi­nan una vez se han cum­plido unas nece­si­da­des más bási­cas. Con una sim­ple grá­fica de la famosa pirá­mide lo enten­de­re­mos rápidamente:

Pirámide de las necesidades de Maslow

Está claro, no se te ocu­rre pen­sar en com­prar una casa de lujo en Son Vida para satis­fa­cer tus nece­si­da­des, cuando lle­vas 2 días sin pegar bocado.

Esta teo­ría es bas­tante imper­ti­nente, puesto que sólo las nece­si­da­des insa­tis­fe­chas afec­tan en nues­tro com­por­ta­miento. Recuerda al com­por­ta­miento de un bebé cuando intenta satis­fa­cer las nece­si­da­des fisio­ló­gi­cas bási­cas, que son aque­llas con las que nace­mos (el resto se desa­rro­llan más tarde).

Una vez se te hayan qui­tado las ganas de comer, beber, dor­mir, fumarte un porro, ras­carte el caye­tano y sol­tar las­tre, enton­ces (¡esta­mos vivos!) pode­mos poner­nos a pen­sar en nues­tra segu­ri­dad… social. ¿Tene­mos un tra­bajo que nos ase­gura lle­gar a final de mes? ¿Pode­mos salir a la calle con una alta pro­ba­bi­li­dad de vol­ver a casa sano y salvo? ¿Vivi­mos en una casa libre de psicópatas?

Una cosa lleva a la otra y, cuando todo mar­cha estu­pen­da­mente, las muje­res lo hue­len y… zas! ¡Cazado! Las nece­si­da­des de per­te­nen­cia y afecto inclu­yen el for­mar parte de algún Top Friends del MyS­pace, pillar en fin de semana, que te escri­ban mucho en el Fun Wall del Face­Book, echar un par­ti­dito los lunes y tener a alguien a quien con­tarle tus penas.

En lo más alto de la pirá­mide encon­tra­mos la estima, la pal­ma­dita en la espalda y, por último, la auto­rrea­li­za­ción, que es algo así como cuando Neo se da cuenta que es El Ele­gido. Hay que tener cui­dado en no caerse de la pirá­mide justo cuando estés a punto de encon­trar el sen­tido de la vida, no vayan a entrarte ganas de fumar un porro y… ¡Ala, a vol­ver a empezar!