Los muertos vivientes
“Cuándo fue la última vez que cual­quiera de noso­tros de ver­dad hizo algo para con­se­guir lo que quería?”

Esta es la pre­misa que más me atrae de mi pri­mer acer­ca­miento al mundo del cómic, de la mano de Robert Kirk­man y su serie “Los muer­tos vivien­tes”. La edi­ción espa­ñola de “The wal­king dead” (título ori­gi­nal), se agrupa en tomos de 6 núme­ros, hecho que los lec­to­res agra­de­ce­rán, ya que el nivel de intriga se man­tiene alto, al menos en los 5 tomos ya publi­ca­dos en nues­tro país.

La his­to­ria que nos cuenta dicho cómic no tiene nada que envi­diar a las ya con­ta­das en la tri­lo­gía de Romero, en el remake de “Zom­bie” diri­gido por Zack Sny­der (“El ama­ne­cer de los muer­tos”), o en “28 días des­pués” de Danny Boyle. De hecho, com­parte inicio hos­pi­ta­la­rio con esta última. Rick, pro­ta­go­nista abso­luto de la serie, des­pierta de un coma en un cen­tro sani­ta­rio apa­ren­te­mente vacío. Y digo apa­ren­te­mente por­que como ya habréis intuido, poco tar­dará en encon­trar seres ado­ra­bles pulu­lando. Kirk­man nos aho­rra pró­lo­gos inne­ce­sa­rios sobre el ori­gen del virus o infec­ción que hace “revi­vir” a los muer­tos, y nos mete de lleno en harina. Rick, en un acto recu­rrente del género, busca a su fami­lia, y la encuen­tra junto con algu­nos super­vi­vien­tes, con los cua­les empren­de­rán un viaje con el fin de seguir siendo humanos.

Más que la san­gre, vís­ce­ras y extre­mi­da­des ampu­tadas, lo atrac­tivo del cómic (y del género zom­bie en sí) es mos­trar un pedazo de la vida de alguien en la situa­ción más extrema posi­ble, la lenta exter­mi­na­ción de la huma­ni­dad tal y como la cono­ce­mos. Asis­ti­mos al dete­rioro del cuerpo humano en forma de muer­tos que cami­nan, a su retorno al ins­tinto más básico, ali­men­tarse para seguir “vivo”. Pero lo que de ver­dad interesa es la evo­lu­ción de los per­so­na­jes que des­fi­lan en el cómic, y por exten­sión en todas las pelí­cu­las (bue­nas) sobre zom­bies, hacia un estado de nuevo naci­miento. Todo queda atrás, la ante­rior vida queda redu­cida a un vago recuerdo. Los pro­ta­go­nis­tas empie­zan una nueva vida con nue­vas reglas. Y nadie se libra del temi­ble cam­bio hacia el lado más per­verso del ser humano.

Por suerte, y mien­tras las ven­tas lo per­mi­tan, Kirk­man ase­gura en el pró­logo del pri­mer tomo que Rick vivirá para con­tarlo a lo largo de la serie, que espe­re­mos tenga un final tardío.