Se me quedó alguna cosa en el tin­tero cuando habla­mos de la dopa­mina, como si de una Rock Star se tra­tara. Resulta que se ha encon­trado una rela­ción entre los nive­les de dopa­mina y el Par­kin­son.

La enfer­me­dad de Par­kin­son sobre­viene tras la muerte de las neu­ro­nas de la sus­tan­cia negra que segre­gan el neu­ro­trans­mi­sor dopa­mina. En el pro­ceso nor­mal de enve­je­ci­miento existe un cierto grado de des­truc­ción de la sus­tan­cia negra, fenó­meno que con­tri­buye al ligero tem­blor típico de la senes­cen­cia. Cual­quiera que sea la causa deter­mi­nante de la enfer­me­dad de Par­kin­son (muchos estu­dios lle­van a pen­sar que se debe a exce­sos de radi­ca­les oxí­geno o con las defen­sas anti­oxi­dan­tes mer­ma­das), no hay duda de que los sín­to­mas se deben fun­da­men­tal­mente a la falta de dopa­mina. Con lo que si aumen­ta­mos la pre­sen­cia de esta subs­tan­cia allá donde esca­sea, miti­ga­ría­mos la defi­cien­cia al menos transitoriamente.

Levo­dopa es un fár­maco pre­cur­sor, entre otras, de la dopa­mina usado en el tra­ta­miento de la Enfer­me­dad de Par­kin­son. Se con­vierte en dopa­mina gra­cias a la encima que se encarga de sin­te­ti­zarla (lla­mada dopa des­car­bo­xi­lasa y que está pre­sente en la subs­tan­cia negra).

Arri­ba­dos este punto os pre­gun­ta­réis a donde estoy tra­tando de lle­gar. Bien, desde el pri­mer momento en el que me aden­tré en el idí­lico mundo de la dopa­mina, sabía que podría lle­gar a esto: Anfe­ta­mi­nas para tra­tar el Par­kin­son. Unas inves­ti­ga­cio­nes en prue­bas con rato­nes demos­tró que el uso de dife­ren­tes anfe­ta­mi­nas era efi­caz en la lucha con­tra los sín­to­mas de esta enfer­me­dad. Con­cre­ta­mente, la más efi­caz resultó ser el MDMA. Me he que­dado extasiado:

En com­bi­na­ción con can­ti­da­des míni­mas de levo­dopa con­si­guie­ron una dis­mi­nu­ción de los sín­to­mas bas­tante pro­nun­ciada. Uno de los mayo­res pro­ble­mas de los actua­les tra­ta­mien­tos con levo­dopa es la tole­ran­cia que los enfer­mos desa­rro­llan a este fár­maco, algo que implica que, con el tiempo, dosis enor­mes no hagan nin­gún efecto sobre los sín­to­mas. El éxta­sis sería muy útil para pro­lon­gar el uso de la levo­dopa al con­ser­var su efectividad.