Torre Lisboa Macau

A pesar de que mi buen amigo Hec­tor me había des­acon­se­jado ir a Macau, las pre­mi­sas eran bue­nas: sólo una hora de viaje en ferry, casi­nos, un pasado colo­nial por­tu­gués, región eco­nó­mica espe­cial, y loca­li­za­ción de la pelí­cula que da nom­bre a este post, Exi­led de Johh­nie To.

Macau es la segunda colo­nia por­tu­guesa más impor­tante del mundo, des­pués de Ando­rra claro. Aun­que de por­tu­gue­ses ni ras­tro, solo turis­tas chi­nos embu­ti­dos en auto­ca­res, rumbo a los hote­la­zos con casino incluido, Las Vegas de Oriente.

Digá­moslo ya: Macau es feo de cojo­nes. De hecho solo visité un (otro) tem­plo, el de A-Ma, hasta los topes de fie­les con sus corres­pon­dien­tes bas­to­nes de incienso. Me escapo rápido de allí, e intento lle­gar hasta la torre de Macau, a pata, una hora rodeando la bahía, hasta lle­gar al cen­tro comer­cial mon­tado alre­de­dor de dicha torre. Una vez arriba, vista aérea de Macau, ver como los ingle­ses se tiran en bungy jum­ping (yo ni loco), y poca cosa más…

Decido ir a comer a un res­tau­rante bra­si­leño de la Lonely, y des­pués de 20 minu­tos dando vuel­tas con un taxista cabro­nazo que me cobra de más y me devuelve el cam­bio en, aten­ción, Pata­cas, la moneda ofi­cial de Macau. 5 Pata­cas que pasa­ran a engro­sar mi larga lista de mone­das inser­vi­bles, y que algún día per­deré a pro­pó­sito. Del res­tau­rante bra­si­leño, por cierto, ni ras­tro, sólo un local de gra­ni­za­dos. Así que, deses­pe­rado ya, me meto en el pri­mer res­tau­rante que encuen­tro, uno coreano, y a la pos­tre, muy buena elec­ción. Ya sabéis como fun­cio­nan los res­tau­ran­tes corea­nos, 5 o 6 ape­ri­ti­vos, 2 de ellos como mínimo pican­tes, y un plato a ele­gir. No se que acabe eli­giendo, lo señalé en una carta con fotos, arroz y nood­les trans­pa­ren­tes (jap che, me apunta Sujin, mi part­ner coreana). Acabo en medio de una mesa de 6, ocu­pada one more time por chi­ni­tas piji­tas que, com­bi­nado con el picante de los ape­ri­ti­vos, acabo rojo como un tomate. Pago, 35$HKD (que tam­bién se acep­tan en Macau), y directo al ferry!

En el ferry, media siesta entre los soni­dos de joven­ci­tas vomi­tando por el oleaje, y vuelta al cuchitril.