Glamour Underground
Un buen número de experiencias cósmico-místicas que se producen en los seres humanos, podrían perder todo su halo de misterio uno de estos días. En el mismo momento en el que se puedan controlar satisfactoriamente los mecanismos del placer y hacer que un bocadillo de acelgas sepa a chuletón al horno. En el preciso instante en el que un caluroso orgasmo recorra nuestro cuerpo sin mover un ápice la cadera (ni el antebrazo). Justo cuando podamos experimentar la nube del amor ingiriendo una pastilla (no, aún no se puede).
Evidentemente, cambiará la concepción de las cosas y pensaremos de otro modo, pero no por ello dejaremos de disfrutar de estas experiencias. Que sepamos que esa bola amarilla allá a lo alto es el Sol y no el dios Ra, no significa que no podamos beneficiarnos de sus rayos ni que las cosechas no vayan a crecer a buen ritmo…
Hay una serie de hormonas y neurotransmisores que producimos los seres humanos responsables de un buen número de estas experiencias. Especialmente la dopamina, mi preferida, que se acostumbra a relacionar con los sistemas de motivación y placer. Todos esos sentimientos de gozo que experimentamos con el chuletón al horno y los orgasmos se producen por la liberación de dopamina.
¡Se acabó el tener que fregar los platos o tener que pagar por un chuletón al horno y se acabó el tener que… fregar los platos o tener que pagar por un orgasmo! ¿Dónde está la inyección de dopamina?
Bueno, resulta que la dopamina no se puede aplicar como droga para el sistema nervioso, aunque si existen precursores que lo hacen es liberarla a cholón. Muchos son ilegales, con lo que no recomendamos aumentar los niveles de dopamina de esta forma. Mejor optar por el chuletón — o hasta con 32 formas de hacer feliz a alguien.
Sin embargo, hay un tema aún en discusión. Se cuestiona si la dopamina realmente está asociada a la experiencia consumatoria del placer o lo está más al deseo y la motivación. Es decir, si es la causante de que nos pongamos palotes con la idea de degustar un buen chuletón o la responsable del gozo producido. Por experiencia personal y tras sesudos estudios, yo apostaría por lo primero –las ganas-, puesto que lo segundo –el hecho– llevaría a la dopamina a ser la causante de muchas decepciones.
Savuar Fuar, además de evidenciar una pésima pronunciación, hace referencia a un estilo de vida basado en el Glamour Underground, el vano intento de parecer decoroso en situaciones sórdidas y decadentes, la falsa apariencia en ambiente distinguido.
Pero Savuar Fuar es sólo una etiqueta, este weblog dará una visión personal, de entre las muchas que podría haber, sobre hechos, vivencias, reseñas que merezcan atención.
Estás preparado? Nosotros no.
Del Parkinson al éxtasis a través de la dopamina - Savuar Fuar
28 de agosto de 2009 a las 15:06
[…] me quedó alguna cosa en el tintero cuando hablamos de la dopamina, como si de una Rock Star se tratara. Resulta que se ha encontrado una relación entre los niveles […]
El libre albedrío no es libre - Savuar Fuar
23 de junio de 2010 a las 10:47
[…] a acercarnos peligrosamente a la teoría de “la inyección de dopamina“. ¿Cuánto tiempo hace falta para que un ajuste en los niveles de alguna determinada hormona […]