No sal­gas con una mujer que res­ponde a bue­nas noti­cias incre­men­tando las expec­ta­ti­vas. Esta es fácil de ver: resulta gana­dora de un viaje al Caribe, todo incluido, pero des­cu­bre enton­ces que tiene que pagar las tasas por valor de 100 €. ¿Cómo reac­ciona? ¿Se encoje de hom­bre son­riendo y dice: “bueno, he ganado un viaje al Caribe real­mente barato”? ¿O frunce el ceño, se enfada y se pone echa una furia? Des­pués de ganar el viaje, ¿sigue comen­tando que ha tenido mucha suerte o con­si­dera que viaje gra­tis al Caribe es lo nor­mal y tener que pagar ese dinero extra ahora es una des­gra­cia? Alé­jate de este último tipo de mujer. No importa lo duro que lo inten­tes, no importa el gran esfuerzo o lo que hagas para impre­sio­narla, puesto que ella siem­pre subirá el lis­tón por encima de las ener­gías que pon­gas en ella.

Dile que hoy vas a lle­gar 2 horas antes. Sin embargo lle­gas 1 hora y media antes, pues pre­pá­rate para tra­tar con una cierva enfa­dada y enfu­rru­ñada, sólo por­que lle­gaste “media hora tarde”. Cual­quier pizca de buena suerte que encon­tréis o cual­quier ven­taja que con­si­gas, ella lo con­ver­tirá inme­dia­ta­mente en “nor­mal” o “acep­ta­ble”. Inten­tarlo se con­vierte en una expe­rien­cia nega­tiva. Razón por la que muchos hom­bres casa­dos arro­jan la toa­lla y no tra­tan de inten­tarlo siquiera.

El otro gran peli­gro que aca­rrean este tipo de muje­res es que todos los esfuer­zos que hagas durante la enér­gica etapa del cor­tejo aca­ba­ran incor­po­rán­dose a su visión de “nor­mal”. Flo­res, ir al cine cada semana, paseos román­ti­cos por la playa… deja­rán de ser oca­sio­nes espe­cia­les que apre­ciará, para con­ver­tirse en sim­ples cosas que espera que pasen. Inevi­ta­ble­mente, todas las rela­cio­nes se cal­man un poco tras el apa­sio­nado inicio, y se supone que es hora de apren­der y pro­fun­di­zar más en el otro. En cam­bio, ella estará que­ján­dose de que ya no le lle­gan sus flo­res cada semana. Si haces el esfuerzo y vuel­ves con las flo­res, ella no mos­trará apre­cio sino que lo acep­tará por­que “así tie­nen que ser las cosas”.

Por supuesto que todo el mundo se calma tras la época del cor­tejo y todas esa diver­sión des­me­su­rada deja de estar a la orden del día, pero la gente nor­mal lo acepta, se relaja un poco y tira para delante. Las prin­ce­sas se enojan de veras al dejar ya de reci­bir lo que con­si­de­ran que se mere­cen.

No sal­gas con una mujer que… lee nove­las román­ti­cas.
No sal­gas con una mujer que… no acepte un halago.
No sal­gas con una mujer que… quiera tener siem­pre la razón.