Que­ri­dos ami­gos, el pingüino.

Leí recien­te­mente en un artículo sobre ani­ma­les bise­xua­les (que en teo­ría somos todos), que en 2005, los cui­da­do­res del zoo de Bre­mer­ha­ven, en el norte de Ale­ma­nia, des­cu­brie­ron que tres de sus cinco pare­jas de pin­güi­nos Hum­boldt esta­ban for­ma­das por aves del mismo sexo. Puesto que esta espe­cie estaba en peli­gro de extin­ción, los cui­da­do­res tra­je­ron cua­tro hem­bras Hum­boldt de Sue­cia con la espe­ranza de que ten­ta­ran a los machos. Esta acción enfadó a los gru­pos de gays y les­bia­nas de todo el mundo. En una carta al alcalde de Bre­mer­ha­ven Jörg Schulz, un grupo euro­peo de acti­vis­tas gay pro­tes­ta­ron en lo que lla­ma­ron “un orga­ni­zado y for­zado acoso sexual a tra­vés de la seduc­ción de hembras”.

Resulta que el pin­güino, bise­xual o no, es en reali­dad un ave extinta –por cau­sas antró­pi­cas, que es la forma de decir con savuar fuar que la culpa la tuvo el hom­bre (por exceso de caza). Por analo­gía con éste, a un buen puñado de aves que, a dife­ren­cia, no podían volar pero que se le pare­cían, se les empezó a deno­mi­nar común­mente pingüinos.

La mayor con­cen­tra­ción de los ani­ma­les de nues­tra his­to­ria se encuen­tra en Chile, pero no con­cre­ta­mente en la Isla Cha­ña­ral, sino espar­ci­dos a lo largo y no muy ancho del país. En Chile, a los estu­dian­tes de pri­ma­ria y secun­da­ria se les llama pin­güi­nos, y no por­que sean un poco ani­ma­les los chi­qui­llos sino debido al tra­di­cio­nal uni­forme que vis­ten. Se con­vir­tie­ron en un fenó­meno allá por el 2006, cuando ini­cia­ron una toma de cole­gios para recla­mar una mejora de las con­di­cio­nes en que se desem­pe­ñaba la ense­ñanza. A este fenó­meno estu­dian­til secun­da­rio rea­li­zado durante el año 2006 en Chile, se le deno­minó el “movi­miento pin­güino”.