La robó­tica ha lle­gado al pue­blo de la mano de más y más vídeos y noti­cias de engen­dros mecá­ni­cos haciendo vir­gue­rías pro­pias de huma­nos. ¿Cuál es el ver­da­dero obje­tivo de que los robots imi­ten el com­por­ta­miento humano? ¿Por qué que­re­mos que un robot corra como un ser humano si no es la manera más rápida para desplazarse?

Espero que no sea para que cada vez ten­ga­mos que preo­cu­par­nos menos de com­por­tar­nos como huma­nos y más como máqui­nas. Lo último que he visto ha sido un robot que prueba motos. Ya me estaba ima­gi­nando un autó­mata con chupa de cuero estru­ján­dole la oreja a la moto, haciendo el caba­llito por el asfalto, yendo al mer­cado de motos de segunda mano a pasar lista o mirando por encima del hom­bro a Pedrosa.

No, no se trata de eso. Es un autó­mata dise­ñado por Cas­trol, el fabri­cante de acei­tes de motor, que prueba las motos incan­sa­ble­mente aun­que no sale, toda­vía, a la calle. Se llama Flos­sie y tiene esa pinta (la moto es lo de abajo, el robot es esa pieza dorada):

Flossie, el robot de Castrol que prueba motos