Como al resto del mundo, odio reci­bir las famo­sas lla­ma­das con número oculto, así como su tras­la­ción al mundo inter­ne­til, los mails no-reply, esas cuen­tas de correo de las que, man­des lo que man­des, nunca reci­bi­rás res­puesta.

Suerte que a veces me lle­gan per­las como ésta:

Como me gus­tan las tra­duc­cio­nes a viva voz!