Se ha hecho popu­lar un hecho que reza que para lle­gar a ser un experto en algo, en el sen­tido de alcan­zar la maes­tría, se nece­sita dedi­car al menos 10.000 horas a la acti­vi­dad en cues­tión. Eso son al menos 10 años dedi­ca­dos de una manera cons­tante. Lo que no implica un apren­di­zaje constante.

En casi cual­quier acti­vi­dad, sea hablar un idioma, tocar la zam­bomba o prac­ti­car un deporte, se alcan­zan resul­ta­dos de una manera rela­ti­va­mente rápida, pero lle­gado a un punto (de infle­xión de la curva de apren­di­zaje) es muy dífi­cil mejo­rar un poco. Existe una de nues­tras que­ri­das reglas de Pareto que viene a resu­mir todo esto:

Pue­des lle­gar a apren­der el 80% de una téc­nica o un arte en el 20% del tiempo que te reque­ri­ría alcan­zar la maestría.