No sal­gas con una mujer que te llama más de dos veces al día (y dos veces es una de más), o a extra­ñas horas del día o de la noche.

Tanto en hom­bres como en muje­res, la deses­pe­ra­ción es una mala señal. La gente deses­pe­rada no sólo quiere a alguien, sino a cual­quiera. Lo que sig­ni­fica que la cua­li­dad más impor­tante que posees a ojos de esta gente es que res­pi­ras. Tam­bién tien­den a actuar y hacer cosas extra­ñas cuando les dices que no estás intere­sado en con­ti­nuar con ellas. Todo lo dicho ante­rior­mente sobre muje­res que dedi­can sus vidas a espe­rar su prín­cipe azul, y el peli­gro que aca­rrean sus mon­to­nes de sue­ños y pla­nes espe­rando a que tú car­gues con ellos se duplica obvia­mente para aque­llas per­so­nas deses­pe­ra­das. Algu­nos hom­bres son espe­cia­lis­tas en encon­trar muje­res deses­pe­ra­das, las echan a per­der y las aban­do­nan en seguida, pero yo no lo haría.

En pri­mer lugar, no está bien, y en segundo es arries­gado de la misma forma que el para­cai­dismo lo es. Uno siem­pre está en peli­gro de dar algún día con una mujer real­mente des­qui­ciada, al igual que siem­pre existe el peli­gro de que un día el para­caí­das no se abra.

Hay que seña­lar que las muje­res tam­bién tien­den a evi­tar a los hom­bres que son así. Les lla­man “nece­si­ta­dos” o “que tie­nen que apa­ren­tar”. Toma nota del libro de las muje­res y eví­ta­las así tú también.

No sal­gas con una mujer que… carezca de hob­bies o intere­ses.
No sal­gas con una mujer que… incre­mente siem­pre las expec­ta­ti­vas.
No sal­gas con una mujer que… lee nove­las román­ti­cas.
No sal­gas con una mujer que… no acepte un halago.
No sal­gas con una mujer que… quiera tener siem­pre la razón.